Las Marismas de Santoña



El Domingo 28 de febrero acudimos unas cincuenta personas a las Marismas de Santoña a realizar un nuevo recorrido aprovechando la marea muy baja que nos ofrecía mucho terreno libre para nuestro paseo. Una vez más Francisco ejercía de guía, esta vez acompañado por un mariscador amigo. Se necesita ayuda para andar por la marisma, cuando se aparta el agua y queda el lodo. Amaneció un día excelente después de que la "ciclogénesis explosiva" nos metiera miedo en el cuerpo el día anterior.

Nos habíamos concentrado en la localidad de Cicero para iniciar el recorrido y nos acercamos hasta el mismo borde de la marisma, en una zona que apenas unas horas antes estaba ocupado por el agua.


Francisco nos introdujo brevemente en la actividad y nos presentó a Jesús, el mariscador. Antes nos pusimos las katiuskas para adentrarnos en el lodo y el agua.


Enseguida iniciamos el paseo siguiendo las instrucciones de los guías, pisando sobre los pequeños cursos de agua que quedaban en la bajamar. Como decían los guías, por la "autopista". Nos aconsejaron seguir la fila sin salirnos a los lados para no hundirnos en el lodo.

En algunos momentos algunas personas precisaron de ayuda para salir del lodazal o para adentrarnos en la marisma, pero sin mayor problema.

Jesús nos enseñó cómo cogen los muergos: se busca una pequeño agujero con forma de cerradura antigua y se echa sal para que salga a la superficie.


En la primera ocasión hubo suerte y salió pasados unos segundos.


Ahí teneís la muestra después de lavarle en el agua marina.


A partir de la primera muestra nos repartimos en varios pequeños grupos para probar suerte y en algunas ocasiones se obtuvo premio, aunque escaso. Otros preferimos ver otra fauna, como este cámbaro con patas de distinto tamaño.


O ver unos cangrejos ermitaños que habían encontrado una nueva casa.


Luis se aventuró a un lado y marcaba un buen lugar para pescar.


Pero al intentar moverse comprobó que se había metido mucho y sólo pudo salir del fango con la inestimable ayuda de Francisco y de su hijo Raúl. No sería la única vez que tuvieran que echar una mano.


Más tarde, Jesús nos enseñó como se cogen las almejas, de variado tipo o clase.

Aquí podéis ver una muestra. Soy incapaz de distinguir las especies y me limito a exponerlas.


Cuando dimos la vuelta para salir a tierra firme nos dimos cuenta de que la marea había subido más rápidamente de lo aconsejable. Aunque los guías nos aconsejaron atravesar el agua para evitar el lodo, la mayoría optó por seguir por la orilla y evitar la mojadura, pues la altura de las katiuskas no nos permitía eludir la mojadura. El agua estaba fresca e inundó las botas,... pero salimos pronto a zona más firme.


La mayoría optó por seguir por la orilla y ahí vino el atasco. El lodo era espeso y la caravana se clavó en él. Trabajo a destajo para los guías y poco a poco fuimos agrupándonos en zona más firme. Nos embadurnamos bien...


Ya en tierra firme nos tuvimos que limpiar las katiuskas y cambiarnos de ropa, quien tuviera de repuesto. Hubo intercambio de ropas, especialmente de calcetines.


A continuación fuimos a visitar un vivero de marisco, unas instalaciones acondicionadas en unos bajos de unas viviendas. ¡Qué almejas!

Como había mucho trabajo en la fábrica de pescado, nos aconsejaron no acudir y nos dirigimos a comer, no sin antes pasar por Escalante para tomar unas cañas y otras bebidas.


El lugar de la comida estaba en un lugar privilegiado, en un alto desde donde se veía la Marisma, con Santoña, el Dueso, el Buciero y Berria al fondo. Aprovechamos para hacernos una foto del grupo.

 
Dimos un pequeño paseo por la zona para ver el otro lado de la Marisma.

Habíamos escogido darnos un paseo por el Centro de Interpretación de la Reserva Natural, ubicado en el puerto de Santoña. Como era tarde y se había levantado un viento fresco optamos algunos por volver para casa, mientras el grueso del grupo daba paseos para ver aves. 

Pilló a un cisne fotogénico y no me he resistido a colgarle en el blog como despedida.

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