Iniciamos la marcha a las 10,30 horas de la mañana, con el suelo de la pista de acceso embarrada por las recientes e intensas lluvias. Había niebla y mucha humedad pero parecía que no ilba a llover.
Enseguida llegamos a la parte alta y comenzamos a recorrer los senderos que nos llevan por toda la meseta, con enormes farallones de formas caprichosas. Teníamos que tener cuidado con el suelo y las rocas mojadas para evitar una caída.
Cuando comenzó a llover encontramos refugio temporal en esta linda oquedad, en donde permanecimos unos minutos hasta que aflojó la lluvia y decidimos reanudar el camino con chubasqueros y paraguas.
Desde lo alto se podía divisar Villanueva de Las Torres y todos los alrededores de Aguilar de Campoo. La lluvia era suave y sólo permanecimos unos minutos en este abrigo natural.
Poco a poco nos fuimos dispersando para visitar los lugares más llamativos.
Nos tuvimos que agrupar de nuevo para atravesar este precioso pasadizo. El ritmo de marcha nos permitía coloquiar con las personas más cercanas.
Alguien se aventuró a asomarse a este balcón a pesar de que el suelo estaba resbaladizo.
La enorme seta de piedra se encuentra en lo más alto de la meseta. Para entonces había dejado de llover y aparecían unos rayos de sol que nos aliviaron. Sin embargo, no pudimos quedarnos a comer en el alto pues no estábamos seguros de los amenazantes nubarrones.
Los peques, Lupe, Pedro y Blas, aprovechaban cualquier recoveco para disfrutar más del paseo. En esta ocasión se ve a Lupe asomando por la ventana redonda.
Desde lo alto se veía muy bien Villanueva de Las Torres. Encontramos el teleclub, acondicionado en las antiguas escuelas, abierto y nos dejaron comer en sus mesas y sillas. La bebida y el café caliente resultó una alegría inesperada.¡Hasta la próxima!
Ecologistas en Acción Cantabria.
20 de abril de 2.008.


Después de una breve subida llegamos a Sondelagua. Entre los anfitriones castreños y los visitantes empezamos la tarea unas 30 personas. Al fondo se ve el refugio donde nos esperaba parte del grupo.
Esta vez plantamos 30 árboles de distintas especies de los viveros de dos miembros del grupo castreño. Les pusimos estacas y protectores pues hay ganado suelto.
A Pilar y a Javi sólo les queda empezar a escribir un libro.
Cuando terminamos la plantación un grupo subimos a ver le hayedo próximo desde donde se podía ver el mar, Sonabia,... Unos buitres nos acompañaron un rato volando muy cerca de donde estábamos.
El grupo de cocina se aplicó al trabajo y nos preparó unas buenas costillas asadas a la parrilla. En la mesa pusimos toda la comida que habíamos llevado y disfrutamos de muchos sabores. Para finalizar café de puchero y té abundante.