Pico Jiniro en Villacarriedo

El domingo 19 de diciembre de 2.010 subimos al Pivo JINIRO (811 m), junto a la localidad de Villacarriedo.
















Los Collados del Asón

El domingo 28 de noviembre nos atrevimos a partir del Barrio Covadonga, en Torrelavega, a pesar de la lluvia que había caído torrencialmente durante toda la noche. La verdad que yo fui al autobús pensando que dentro de poco volvería a casa, pues la lluvia y el frío nos iban a echar para atrás. Sin embargo, la mayoría de la gente estaba decidida a partir para los Collados del Asón.
Llegamos con dificultad al centro de interpretación del Parque Natural, pues en la parte final no paraba de nevar y el autobús no llevaba cadenas. La quitanieves llegaría más tarde.

Nos acercamos un momento, mientras nevaba todavía, al mirador para ver las Cascadas del río Gándara, afluente del Asón. Apenas caía agua a pesar de la nieve que seguía cayendo. La presa debía de estar cerrada.

El grupo juvenil tuvo humor para hacer bolas y jugar con ellas, bajo la estrecha vigilancia de Toño y su perra.

Partimos del centro de interpretación hacia el Collado con la intención de descender hasta el pueblo de Asón, aunque antes nos acercamos al nacimiento del río Gándara. Afortunadamente salió el sol y el recorrido se hizo muy agradable.

 Una de las guías del centro de interpretación nos llevó hasta el nacimiento y realizó unas explicaciones sobre el lugar.
 En esta imagen se aprecia la surgencia del río Gándara.

A escasos metros de la surgencia se encuentra un viejo molino que algunos vieron de cerca.
 Cuando dejamos el nacimiento del Gándara para subir hasta el Collado del Asón se podía apreciar bien la altitud de la nieve, pues en la zona más baja, en el centro de la foto, se ve el color verde de la hierba, donde a esa hora no había caído nada de nieve.

 Llegamos al Collado y desde lo alto de la morrena glaciar vimos el valle del río Asón, sólo en parte cubierto de nieve.


Comenzamos a bajar hasta el nacimiento del Asón por un sendero muy pendiente y resbaladizo por la nieve. En ese momento comenzó de nuevo a caer una nieve fina.


Enseguida pudimos ver la cascada del Asón, su nacimiento. A pesar de las lluvias de días anteriores el caudal era pequeño comparado con otras veces que la cola de caballo era más voluminosa. En la parte más alta del valle las hayas dominan el paisaje con sus colores otoñales.


Descendimos por el cauce del Asón y pasamos junto a la base de la cascada.



Las viejas hayas nos acompañaron en la parte alta del recorrido.

Una de las guías nos comentaron hacia el final del recorrido que en siglos pasados ya se dieron cuenta de que habían superexplotado estos montes y por ello habían creado un vivero de árboles para reforestar. En esta zona se puede apreciar unos buenos robles, incluso alineados en torno a muros, expresión del antiguo vivero.

Entre las ferrerías para construir los cañones de la armada española y los propios barcos, el consumo de madera fue excesivo y todavía hora se puede apreciar la deforestación de siglos pasados en la cabecera de estos valles pasiegos.
En la otra vaguada del valle domina el paisaje la encina, de hoja perenne.

Nos llevaron a centro ictiológico donde crían salmones, que utilizan para repoblar la escasez de piezas en los ríos cántabros.

Separan los individuos según la procedencia para devolver los alevines a los ríos de sus progenitores.

De Somo a Langre

El domingo 21 de noviembre llegamos a Somo y nos decidimos a iniciar la marcha hacia el Cabo Quintrés pues, aunque hacía bastante viento, había nubes y claros; como no llovía arrancamos el paseo, aunque llevamos un par de coches sólo hasta la playa de Langre, para finalizar la marcha allí.

 Nada más iniciar el recorrido pasamos junto a unas viviendas asentadas sobre la misma arena de la playa. Se podía apreciar todavía cómo la marea y el oleaje había llevado la arena hasta los mismos jardines.
 Aunque la mañana estaba fresca y ventosa, estaba la playa llena de personas haciendo deporte.

Pero había más edificios sobre la misma playa. Nos llamó la atención éste por su avance sobre la arena y el enorme muro de hormigón que habían cosntruido para defenderse del avance del mar.
 Como se puede apreciar aquí, el intento ha sido vano, pues los envites de las últimas mareas han destrozado los cimientos del muro de hormigón y ha penetrado el agua dentro del edificio. Quienes viven en estas condiciones estarán permanentemente en peligro cada vez que haya fuertes mareas. Es un ejemplo vivo de lo que no se debe hacer.
 
 Pero el avance del urbanismo no se ha llevado a cabo sólo por iniciativa privada. En esta foto podemos apreciar una de las calles de Somo que llega hasta la misma playa. Han tenido que levantar un muro de arena de más de dos metros para que el agua de mar no penetrara por todas las calles e inundara los bajos de las viviendas.

 Más adelante recorrimos el monte de Somo, desde cuyas altas dunas pudimos apreciar el mar y Santander a lo lejos.

Desde las mismas dunas cubiertas de arbolado y de plumero, hacia el este se apreciaba Loredo. Estamos en Somo, una de las playas más extensas del Cantábrico

 Enseguida llegamos a Loredo, donde nos sorprendió otro hecho: las mismas mareas que habían producido desperfectos en Somo, también habían penetrado en la zona urbana de Loredo. Lo más llamativo había sido que las mareas habían movido la arena y taponado el desagüe del arroyo. Tuvieron que mover con máquinas toneladas de arena para dejar abierto el desagüe.
 Seguíamos por el borde este de la Bahía de Santander y no perdíamos de vista la península de La Magdalena y los edificios más altos de la ciudad.

Nos extrañamops de que todavía quedaran restos del chapapote del Prestige, nueva años después, en las rocas localizadas al este de la Playa de Loredo.

Enseguida subimos a las praderías que se localizan entre Loredo y Langre. Desde la altura se apreciaban los acantilados, que recuerdan los de Costa Quebrada.

 Por esa zona se encuentra la Isla de los Conejos, uno de los islotes más extensos del Cantábrico. Por esa zona el viento arreciaba y nos cayeron algunas gotas de lluvia, pero de modo leve.
La mayoría de las fincas que atravesamos son propiedad de la empresa Emilio Bolado, que esperaba obtener buenos beneficios de su urbanización, pero ahora están aprovechados para la ganadería en vista de que no se puede construir. Los padros estaban muy húmedos de la lluvia de los días anteriores. 

Llegamos pronto a playa de Langre, con unos oscuros nubarrones al este que nos indicaban que por aquella zona la lluvia arreciaba. Hicimos bien en recortar el recorrido, pues habíamos conseguido realizar casi todo el camino sin mojarnos.

Aprovechamos el fondo de la playa para hacernos una foto colectiva, de la docena de personas que nos decidimosa llevar a cabo la marcha,

Las dos playas de Langre estaban casi desiertas; tan sólo algunas personas se encontraban en el aparcamiento disfrutando de las vistas.

El oleaje dejaba este color sobre la playa que contrastaba con el gris de las nubes y el casi negro del cabo Quintrés al fondo, a donde en esta ocasión no llegaríamos pro precaución. Finalizamos la marcha sobre las 13:00 horas en el aparcamiento de la playa de Langre. UNos minutos más tarde apareció la lluvia, pero ya estábamos de vuelta a casa.

¡Hasta la próxima!